domingo, 19 de febrero de 2017

El caos entre dos mundos

Se pasaba las horas sin pasar por ellas, sin estar en ningún "sitio" real. Pasaba por sueños. Por lugares que deseaba, o que la mente le llevaba como solución ante el desastre. Se encontraba con personas que no conocía, que estaban en su vida o habían estado. Y a muchas de las que ya no estaban casi ni las echaba de menos. Pero era la única forma que su razón y co-razón tenían de mantener. La única forma de salir de A sin apenas esfuerzo. De no cambiar.


Y qué bonito es soñar cosas bonitas, ¿no?. Pues ella estaba harta. Siempre ha soñado y nunca ha sido de sueños. Era más de vida presente, de experiencias y de autenticidad. Pero era lo único que ahora tenía era el subconsciente. Era lo que le mantenía. 


07:15 a.m. El reloj biológico cada vez lo tenía peor. Quería seguir durmiendo, pero estaba harta de hacerlo. Única forma de no pensar, de obviar responsabilidades, en los domingos no existían. Y hacía tiempo que el resto de días tampoco. 

Recordaba. Y solo hacía eso. A parte de dormir. Traía de nuevo tantas cosas a su mente que se le mezclaban momentos.
 Ese día no llevaba los zapatos marrones. Y se fue el miércoles. Ese día hablaron de aquello que ella veía tan lejano, y que le parecía tan aburrido... 
Y después dudaba de si había sido esa semana, o la anterior. El caos. 


14:54. No quería hacer la comida. No tenía motivos, ni hambre ni ganas de cocinar. Un filete no le iba a mantener viva. O por lo menos no le iba a solucionar el caos. Miraba la ventana, y se guiaba por la luz que hacía. 

Volvía. Qué lugar. Qué intenso, qué lejos, qué impersonal. Pero sabía que no debía estar allí. Era consciente de que estaba entre dos mundos. Dos mundos reales, y entre ellos estaba su cama, sus seis paredes, y sus dos ventanas. A, era su mundo, el que resultaba acogedor a ratos. Era cómodo quedarse allí, no exigía sufrir y no había problemas dentro de él. Por tanto no podía equivocarse, porque no hacía nada. Felicidad efímera. 


Ir al mundo 1 era triste, poco seguro, lleno de fantasmas y estaba lejos, tanto que podía ser imposible llegar. Era un precipicio en toda regla. Ir al mundo 2 era total incertidumbre. Todos prometían que allí estaba la solución a todo, la felicidad. Pero también estaba lejos, y había algo que le impedía ponerse los zapatos, salir de A y emprender camino. 


19:05. Llegaba tarde a la vida. Hoy A había sido el refugio de costumbre. Allí el caos parecía menos caos. Aún estaba el bol con las cáscaras de naranja en la mesa. Ya se las llevaría el aire, o algo. Qué bucle tan reconfortante, y tan sin sentido. Los sueños volverían en breves. 

A veces echo de menos soñar, echo de menos a mundo 1, a A.
 Desde aquí todo se ve diferente. Puede que mejor.
En los mapas de aquí no aparece mundo 1.
Solo hay una persona que lo recuerda. 
Está dentro de mi.




L.












domingo, 29 de enero de 2017

Microcuento verbal

Deja. Deja que llegue.
Deja que exprima. 
Deja todo.

(empty)

Vuelve. Vuelve a ir.
Vuelve a olvidar.
Vuelve a volver.

Quiere. Quiere seguir.
Quiere correr.
Quiere amar.

Confía. Confía en todo.
Confía en ti.
¿Confía?

Extraña. Extráñate.
Extraña la vida.
Extráñale.


Haz.
Haz el amor.
Hazlo.


Vive. Vive contigo.
Vive el presente.
Vive y ama.

Corrige. Lo malo.
Corrígete.

Sigue. Sigue con lo tuyo.
Sigue con el resto.
Sigue ahí.

Cambia. Cambia todo.
Cambia tu mirada.
Cambia tu vida.

Olvida. Olvida todo.
Olvida lo malo.
Olvídale.

Aprende. Aprende a corregir.
Aprende a errar.
¿Lo lograste?

Alcanza. Alcánzate.
Alcanza la cima.
Alcánzalo.

Entiende. Entiende todo.
Haz que te entiendan.
Entiéndete.


Perdona. Todo el mal.
Perdona - te.
Perdónale.


Pierde. Pierde el tiempo.
Pierde la cabeza.
Piérdele.

.
.
.
.
.



No hagas nada. Tu vida lo hará por ti, en algún momento. 


miércoles, 25 de enero de 2017

Personas, y café

Una cafetería. Ya has estado allí más veces. Con personas, distintas, en otros momentos de tu vida. En otras circunstancias. Pero sigue siendo lo mismo. Quizá otros pensamientos recorran tu mente. Puede que mejores que anteriores. Puede que mucho peores. Con leche, por favor.

 

Hoy te ha costado levantarte. Puede que menos que otros días. Puede que mucho más. Valeriana, el mejor invento, el placebo más inútil. No entiendes como a la gente le funciona. Intentas engañarte, como lo hacen muchos. Tomas tres para engañar a tu mente. Con dos no haces nada, y con tres menos. Lo asumes, y no, no duermes. 


Qué sabia la vida. Y qué oportuna. Manda señales justo en el momento en el que ella cree que es el apropiado para que aprendas. Y tendrías que pedir el café más frío. No hay quien le pegue un trago. No te importa esperar. No tienes prisa. Esperas a que ocurra ya. Se te va a escapar, y no sabes como hacer que pare.


Buscas en tu mesita de noche. No te quedan más. Coges cualquier cosa que pillas. Y la miras. Está ahí también. No entiendes porqué. Esperas al siguiente batacazo. Llegará en unos minutos. Despréndete del móvil, de las lentes, de la manta. Nada te va a hacer falta cuando llegue.

 

Te acostumbras. Es uno más de los muchos que has pasado, de los muchos que te esperan. Te llaman. Es lo que menos necesitas. Pero es lo que mejor te va a venir. Dejas de ver, te has quitado las gafas, y aun así tecleas porque es lo que mejor te viene ahora. Puede que lo peor. No contestas. Y estás mojando el teclado.


Tienes ganas de gritar, de irte, de volar. Pero el café sigue caliente. Tenías que haber pedido leche fría. Qué pena que el camarero tenga un mal día. No te arriesgas. Tu vida corre peligro. 
Observas a tu alrededor. Una persona. Si una persona te mira, te sonríe, y vuelve a lo suyo. Pensará que no tienes ni idea de como funciona esto. Esa persona.



Miras atrás. Recuerdas. No hace tanto, y parece que ha pasado un milenio. La luz que atravesaba la persiana te animaba a seguir dormida. No tienes nada mejor que hacer que ocupar todo el espacio que ha quedado. Puede que sea el momento más feliz de tu vida. O por lo menos que recuerdes hasta ahora. Cuentas minutos. Y sigues soñando. Ojalá durara siempre ¿no?, parece que es mucho pedir.



Te vuelve a mirar, y te hace una pregunta. Sales de allí sintiéndote de ese lugar, de esas calles, de esas personas. No sabes cuanto tiempo te queda para irte de allí y no volver. Presientes que poco. Sabes que cuando tengas que irte, siempre podrás volver, pero no de la misma manera. 



Quédate con su luz, con su olor, con la forma de caminar de esas personas. Quédate, que siempre quedará allí un trocito de su alma. Inevitable. La acogieron, y eso siempre lo agradecerá. Y cuando le toque marcharse no cree que tenga oportunidad de despedirse de todas esas personas, no le dará tiempo. Tendrá que irse rápido de allí. 



Subes los escalones, primero uno doblado, y luego seis, o siete seguidos. Podría dar mil detalles. Todo sigue tan igual. Qué sensación tan rara. Es tu lugar. Pero a la vez tan poco tuyo. ("Monachopsis: sensación sutil pero persistente de estar fuera de lugar y a la vez estar en el sitio correcto"). El olor [...], te reconforta. Ojalá estuvieras allí. Esperándola. Como ella quisiera cada día, cada dos veces al mes. Cada minuto.




No te da tiempo. Tienes que hacer muchas cosas. El café aún sigue caliente. Respiras hondo, miras a tus laterales, y ves que todo sigue igual. Anhelas su presencia, pero te reconforta saber que todas esas personas forman parte de ella . Y esperas. Esperas diez años, si hiciera falta a que vuelva a mirarte y hacerte esa pregunta. A que te sirva las aceitunas. A que te abra la puerta. A que te diga buenas tardes desde el final de las escaleras. A que te atienda detrás del mostrador. A que te indique el camino que tienes que seguir. A que te cobre la barra de pan, 0,87 céntimos a las 14:51 h. O a que te de el pantalón de tu talla. En todas esas personas estabas.  



No va a ser fácil mirar a todas esas personas con otros ojos. Con otra cabeza. Con otro sentir. Puede que nunca lo consiga. Y si algún día lo logra, el café con leche seguirá ardiendo. Es lo único que tengo claro.





L.






martes, 18 de octubre de 2016

Mañana empieza y nunca llega

Iremos a gastar unas cuantas noches más. Tú. Y tú.  Donde sea. En un tejado. Con un cigarro y un café, a las 3:36 a.m. Te dejaste la cafetera encendida. Da igual. 




Da igual. Las noches no se gastan. Se recuperan. No tienes mejor compañía que la de hoy. Lo bohemio lo inventaste tú. Y no te preocupes, por mucha gente que haya en este mundo, nadie lo entiende tanto como tú. Tienes la patente, amigo. 



Hay mucho más dentro de ti, que lo que queda dentro de mi. Y menos mal que te tengo. No me dejes. Aunque sé que nunca lo harás. Pensando en ti. 


Te calificarán de desquiciada, loca, perdida y hundida. No hagas caso. Eres lo mejor que tengo. Lo mejor que tengo. 




Cuando decidas aparcarte, llámame. No gastes noches. Recupéralas. Es lo mejor que hay. No dudes. 



Es lo mejor que hay. La mañana de mañana estaré junto a ti. Es lo mejor que puedo hacer. 



Hablemos de cosas que no conocemos. Habla claro. De nosotros. Hay mucho más de mi en ti, que lo que queda dentro de mi. Solo una canción más, y aún no nos vamos. Viéndote, me quedan muchos años. Una hilera de humo entre tu boca y el aire. Como amantes que se van. Siempre quedará mañana.




Y junto a ti, no me preocupa nada. Mañana empiezas a vivir, da igual. 


Las farolas aún siguen encendidas. Y qué más da. Estás haciendo de este momento, el mejor momento que vas a tener nunca. Atiende. 



Que apaguen todo. Que el maldito hotel de enfrente apague el aire acondicionado. No hace falta aquí arriba. Déjalo. 




Cuanto más quieres que llegue la mañana, más tarda en llegar. Y más quieres que tarde. Disfruta. 




Apagan el monumento que tienes delante. Y no eres capaz de seguir mirándolo sin poder escribir, al menos, tres lineas más sobre esto. Vive.




Momentos que se quedarán dentro de ti, lo que queda de mi. Mañana. A partir de hoy sabrás quién eres. O al menos sé que lo vas a intentar.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Carlos Caballero: “Ahora los cocineros tenemos un caché y un prestigio que antes no existía”



Carlos Caballero Sanguino, jefe de cocina de La Deriva y ex concursante de Top Chef, afirma que “es feliz con lo que hace y que va a dedicarle a su profesión el tiempo que haga falta”


Carlos Caballero Sanguino, fuente.

“La cocina me ha dado muchas satisfacciones, a pesar de todo el sacrificio ”.

“Ser cocinero supone sacrificar tu vida personal en muchos sentidos”.

Por: Lola Palanco Ruiz


Carlos Caballero Sanguino (Ayamonte, Huelva, 24 de febrero de 1978), es cocinero y obtuvo el título en la Escuela Superior de Gastronomía de ACYRE en 2001. Ha vivido experiencias muy diferentes, que le han formado como el profesional y la persona que es hoy. A la vez que estudiaba, colaboraba en el departamento I+D del restaurante Café de París en Málaga. Cuando ya era oficialmente cocinero, entró como gerente en La Rebaná, una taberna de cocina tradicional malagueña, donde estuvo durante 15 años . A sus 37 años, vivió el cierre de este restaurante que ha formado parte de su vida tanto tiempo. Logró salir a delante y concursar en la última edición de Top Chef, un programa de televisión gastronómico español. Ha sido una oportunidad decisiva en su vida, lograda gracias a su carácter positivo y luchador. Ahora es el jefe de cocina de La Deriva, un conocido restaurante malagueño.
"El postrazo" de Carlos; 
bizcocho de naranja, zanahoria y chocolate blanco,
Fuente: L. Palanco 

¿Qué significa para usted la cocina y qué le aporta su profesión a la hora de desempeñarla?
Para mí, la cocina lo es todo. Quise ser cocinero porque desde pequeño siempre me ha gustado hacer algo con mis propias manos y que la gente pueda disfrutar de ello, eso es algo fantástico. Creo que no hay nada mejor que lo que pasa alrededor de una mesa. Me considero una persona muy servicial, me gusta agradar a la gente y la cocina es una vía que me permite hacerlo. Tengo una vena creativa desde que nací en la cocina, a la hora de crear y combinar platos nuevos.

¿Cómo comenzó su pasión por la cocina, fue vocación, tradición familiar o por alguna anécdota concreta?
Hermanos y madre de Carlos,  Fuente.
Lo mío claramente fue vocación. Desde pequeño, los fines de semana cuando mi madre no trabajaba, me metía con ella en la cocina a ayudarle. Solía levantarme antes que nadie en casa para hacer churros caseros los domingos por la mañana. Realmente disfrutaba con ello.  Soy el pequeño de dos hermanos, y como todos tenían carrera, mis padres querían que siguiese el mismo camino que ellos, pero yo estaba encaprichado con la cocina. Siempre que me he propuesto algo lo he conseguido, y así empecé a apuntarme a cada curso de cocina que salía. Comencé con la repostería en una residencia de monjas de Málaga, que para niños era lo más fácil, y allí aprendí todo tipo de técnicas que aún me sirven en mi día a día. No se me plantearon grandes dificultades a la hora de elegir mi profesión, pero pienso que los sueños cuando los persigues, por difíciles que sean, los terminas alcanzando.  

¿Con qué tipo de cocina se identifica más, con la tradicional o con la innovadora, y qué técnicas suele aplicar?

Segundo plato; Salmón, en La Deriva
Fuente: L. Palanco.
Si te digo la verdad, cuando me preguntan sobre  la cocina tradicional y la moderna o innovadora, yo siempre respondo que hay solo dos tipos de cocina y no son esas, son la buena y la mala. Una cocina tradicional buena, es para quitarse el sombrero y una cocina tradicional mala, no es ni para los perros… También es cierto que cada cocinero tiene su técnica. Siempre nos preguntan el porqué de realizar un tipo de cocina u otra, y mi respuesta es siempre la misma, porque sí, porque es lo que me gusta.
Durante mi estancia en La Rebaná, solía usar la técnica de rotación, es decir, los mismos ingredientes en diferentes platos, porque no tenía una cocina con tanta capacidad como la que tengo ahora en La Deriva y necesitaba una carta funcional. Era una manera de hacer platos distintos, con productos similares y sin que el cliente percibiera esta rotación.  

¿Quién es su referente en la profesión y cuál es su forma de cocinar?
Carlos Caballero y Ángel León,  Fuente.
Mi referente en la cocina sin duda es Ángel León, con el que he tenido la gran oportunidad de trabajar. Me parece que hace un trabajo brutal de investigación, llevando productos nobles a su máxima expresión, en vez de irse a lo fácil trabajando con productos de primerísima calidad. Él, como yo, lucha por una cocina andaluza. Pero mi mentor en la cocina es José Carlos García, con el que he estado desde mis comienzos. Su cocina es de producto, en la que trata materias primas muy buenas. Las cocinas de ambos me gustan, porque lo que defiendo es una cocina con identidad en la que aparezca la personalidad de cada cocinero, y ambos lo logran. Los cocineros, como los diseñadores de moda, arquitectos y demás artistas, dejan sus coletazos en las creaciones.

¿El cierre de La Rebaná, su anterior restaurante, supuso para usted una oportunidad para crecer en la profesión o un golpe difícil de superar?
La Rebaná, Fuente.
Tengo que decirte que fue un golpe muy duro… Pero yo siempre procuro ver el lado positivo de las cosas y vi que era mi oportunidad para poder crecer. Ten en cuenta que yo empecé allí justo al terminar mis estudios, con 21 años cogí la cocina, me hice cargo de 12 trabajadores y estuve allí 15 años. Para mí,La Rebaná ha significado mucho, ha sido mi vida. Pero también es cierto que me quedé estancado, le tenía mucho aprecio y mucho cariño, y eso me impedía crecer. A veces, nos arraigamos demasiado a lo que tenemos. Tras su cierre, saqué fuerzas y volví a presentarme por tercera vez a Top Chef, las anteriores veces me quedé a las puertas, y en esta ocasión logré entrar. Y ahora soy jefe de cocina de un restaurante en el que puedo mostrar la esencia de mi cocina.
Top Chef, fuente.

¿Es cierto que para ser cocinero ha tenido que sacrificar muchos aspectos de su vida?
Es una profesión muy sacrificada, hay pocos que la eligen por eso mismo. Yo estoy en el restaurante todo el día. Tienes que saber adaptarte a cualquier cambio que se te presente, y más si llegas nuevo a un sitio que ya llevaba camino hecho, como es mi caso en La Deriva. Esto supone mucho sacrificio y es difícil. Al tener que dedicarle tanto, es complicado mantener una relación de pareja, o formar una familia. Siendo cocinero renuncias a muchos aspectos de tu vida personal.

¿Qué satisfacciones le ha dado su profesión?
Si haces lo que te gusta, las satisfacciones son infinitas. Desde pequeño soy feliz con lo que hago y voy a dedicarle el tiempo que haga falta. Cuando alguien me comparaba con mis hermanos, que uno es economista y el otro ingeniero, diciendo que la profesión que yo había elegido era mucho más sacrificada y tenía menos prestigio que las otras, mi madre respondía que yo era feliz con lo que hacía, y que con eso bastaba.
La cocina me ha dado muchas satisfacciones en la vida, me ha permitido viajar a los cinco continentes, conocer a mucha gente relevante en el mundo culinario, he tenido la suerte de cocinar mano a mano con Joan Roca, por ejemplo. Es sacrificado, como cualquier profesión, pero me da muchísimas recompensas.

¿Ha tenido alguna lección a lo largo de su carrera profesional que haya aplicado en su vida?
De lo negativo siempre saco lo positivo, y puedo decir que me ha dado una lección dura. Después de tener un negocio puntero durante 15 años, donde el teléfono no dejaba de sonar, las reservas se amontonaban, me veo desolado al tener que cerrarlo. Muchas amistades que en los tiempos de bonanza me apoyaron, después del cierre del restaurante desaparecieron. Esto me enseñó que el sector se mueve mucho por intereses, y he podido aprender de ello, valorando más a las personas que me han acompañado siempre.

¿Hay alguna anécdota que le haya marcado, o que sea digna de recordar?
Participando en la Ruta de la Tapa Cerveza Victoria en Málaga, en una ocasión se me acercó una madre con su hijo pequeño y me dijo que el niño había puntuado mi tapa con un diez, porque era la que más le había gustado de toda la ruta. Recuerdo esto con cariño porque a mí me gusta mucho el público infantil, pienso que tienen mucha nobleza. Ellos solo tienen un criterio, lo que está bueno y lo que está malo. Les gusta mucho el mundo de la cocina. De hecho, hay muchos niños seguidores de Top Chef que te reconocen cuando te ven por la calle.

¿Qué oportunidades a nivel profesional y personal le ha brindado el hecho de participar en un concurso como Top Chef?
Algunos concursantes de Top Chef, fuente.
Pienso que ha sido una oportunidad magnifica para dar a conocer más mi cocina. Me ha permitido aprender mucho, y enseñar lo que he aprendido a gente de mi entorno. He conocido a muchísimas personas a raíz del programa, mi clientela ha aumentado, y me ha dado entrada a un mundo que empieza ahora realmente. Ha sido una experiencia inolvidable. Ahora me toca seguir trabajando en lo mío, disfrutando más que nunca.

¿Qué es lo más importante que le ha enseñado su experiencia en Top Chef?
El "postrazo" de Carlos, junto a Chicote, Fuente.
Allí aprendes sobre todo la capacidad de reacción. No puedes hacer tu cocina, te ponen unos ingredientes que tú no conoces y tienes que sacarle el máximo partido. Es una experiencia más dentro del mundo de la cocina, distinta a las demás. Lo mejor sin duda han sido las grandes personas que he conocido y que me llevo conmigo.

Del jurado de Top Chef, ¿quién es para usted el más objetivo a la hora de criticar los platos?
Chicote, sin duda. He de reconocer que, a mí, él nunca me ha dicho nada realmente negativo. Hay concursantes que le retan, que le buscan las cosquillas y le enervan. Él siempre pide lo que quiere, y lo que no tenemos que hacer es salirnos de ese esquema. Si conoces su manera de ser, es fácil pillarle el punto. Paco es una bellísima persona, no tiene la picardía de Chicote y Susi queda un poco solapada entre ambos compañeros…

¿Cuál ha sido el plato que más le ha pillado por sorpresa durante el concurso?

Sin duda, el último. Nos dieron una caja con productos que yo no controlaba. La pasta de curry y el coco tenían salida, pero había un ingrediente que era el papadum que no sabía donde ubicar ni como cocinarlo. También me tocó jamón cocido, y ya si que me perdí en la elaboración, lo cual me costó la expulsión de Top Chef.





Fuente: L.Palanco.
En La Deriva, restaurante de Málaga.
Fuente: L.Palanco.