martes, 3 de marzo de 2015

Nociones básicas de la vida



Si estás leyendo esto, quiero que tengas presente una cosa: eres uno más de los más siete mil millones de personas que hay en el mundo. Si realmente quieres sobresalir del resto, sal ahí fuera, mójate sin miedo a pasar frío, coge tu tabla y asume que más de una ola te impedirá llegar hasta donde quieres. Solo lo lograrás si te propones vencer cada obstáculo. Esa y  solo esa es la única manera de ser diferente al resto. Da comienzo al largo camino que te espera.



 En la vida se te  presentaran innumerables abismos, facilitándote el hecho de salir de una mala situación, o de un problema que parece no tener solución, simplemente dejándote caer por él.
Mi consejo, asómate desde arriba, sonríele, pues en teoría, está ahí para hacerte un ''favor'', visualiza todo lo que te muestra el estar ahí ,toma notas de todo lo que ves más apartado de ti y por último, proponte bajar por donde has subido y llegar hasta esos puntos tan lejanos que el abismo te ha permitido observar. Solo una cosa más, no estés solo, pues el camino no será fácil, y necesitarás a alguien a tu lado.




 Una vez escogidos los puntos a los que quieres llegar, emprende el camino correcto. Te aseguro una cosa, no será nada fácil. Algunos tramos parecerán simples de transitar, pero ten cuidado, porque a cada paso, una tabla de madera puede romperse. En el camino no solo hacen falta las ganas por llegar y la convicción de que se hará. Hay un elemento clave, que no depende de nosotros, es la suerte. Encomiéndate a ella, porque te será esencial para lograrlo.




 Si todo ha salido como esperábamos, te aseguro que tendrás el mundo bajo tus pies. Ya no se tratará de un abismo, sino de la cima, del puesto más alto que se puede tener. Verás como otros se esfuerzan ahora por lograr el puesto que tú tienes ahora. Verás como otros se rinden por ser demasiado costoso y verás como algunos intentarán arrebatarte ese punto álgido, ese último escalón. Mantén la calma. Tú ya lo has logrado. 





   Trabaja día y noche, sin descanso. Pues no solo cuesta conseguirla, también cuesta mantenerla. Un simple despiste te costará tener que volver a emprender el duro camino, que sin duda, resultará más complejo que la primera vez. Trabaja, lucha, esfuérzate por mantener lo conseguido y nunca pienses que es menos de lo que los demás tienen. No hay cosa más valiosa y más importante que lo que uno mismo ha logrado obtener, por esmero sobre todo, y por un empujón de suerte.


''Trabaja por la noche, todo se ve de una manera más bohemia, y recuerda que los bohemios están siempre en lo correcto''.
''Trabaja por la noche, pues aquellos que quieran arrebatarte tu puesto están a la espera de que duermas''.

sábado, 7 de febrero de 2015

Una balanza de importancia

Un día una amiga me dijo: “Las amistades son pasajeras, dependen del momento, de cada situación”. Esto me hizo reflexionar. Es cierto que la sociedad tiene bastante asumido que es necesario un mejor amigo o amiga en la vida, que siempre hay alguien que nunca te fallará, que estará ahí pase lo que pase; pensemos un momento en el sentido de lo eterno. Esto es algo con lo que normalmente solemos tropezar.
Analizando estas palabras, es cierto que todos tenemos alguien especial en nuestra vida. Una persona que ocupa nuestra mente en los momentos clave del día, a la que llamarías si ocurriera cualquier anécdota digna de contar. Y si alguno de los que está aquí no la tiene que me corrija. Pero, también es cierto que la vida no es homogénea, es decir, es totalmente cambiante. Hay muy pocas cosas que se mantengan estables en nuestro día a día, y qué decir en largas temporadas.


Normalmente todo cambia de un año para otro: Cambiamos la forma de pensar, cambiamos de aires, cambiamos de vivienda, y por consecuencia, cambian las personas que tenemos a nuestro alrededor. Es ley de vida, que en un momento u otro acabemos dejando atrás el entorno que, hasta el momento, ha sido con el que nos hemos identificado. Amistades y amores se quedan atrás. Es el resultado de un distanciamiento corporal, que normalmente es acompañado por el intelectual, es decir, una perdida sucesiva del contacto. Si se puede decir que la familia es de lo poco que permanece constante, pues los lazos son naturales y no elegidos. Aunque quede forzado el decirlo, ni aunque quisiéramos, dejarían de ocupar el papel que tienen en cada vida.

Dejando la familia a un lado y centrándonos en el tema del distanciamiento, no necesariamente la distancia se produce por un tema de lejanía entre dos lugares. Dos personas pueden estar más unidas cuando están lejos que cuando viven en un mismo lugar. Con esto quiero decir  que la distancia, a veces, puede unir a las personas, haciendo que se valore más el hecho de tener a alguien cuando estamos lejos que cuando lo tenemos más cerca
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¿Quién no ha oído nunca la frase "uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde"?, pues bien, a veces la distancia une, sí, pero la mayoría de veces aleja. Esto no quiere decir que una de las dos  personas que  componen una relación sea débil, o no sea capaz de soportar el espacio material; la propia inercia de la vida hace que esto ocurra. Y en estas situaciones es cuando realmente valoramos lo que antes teníamos delante.

La distancia entre dos puntos hace que uno valore lo que tiene, y  se replantee lo que  tenía. Hace que nos demos cuenta del interés que muestran las personas que teníamos antes cerca en esta nueva situación por continuar como antes, enfrentándose ellas mismas a una especie de "autojuicio" en el momento en el que deciden mantener un contacto directo con los que estamos lejos o dejar de mantenerlo.


Este es un aspecto positivo. Valoremos, pues, los que estamos lejos de nuestro lugar esta situación que estamos viviendo. Asumamos, que  nuestro lugar ya no es el de antes, que  tenemos que decidir a quién prestar más atención y quien merece nuestras penas. Tenemos que abrir la mente, quitarnos la boina, y tender nuestra perspectiva de la vida a nuevas concepciones. Con esto no quiero decir que dejemos de lado lo que antes teníamos, pero tampoco nos puede condicionarnos el futuro.


La distancia no es una manera de limitar nuestras posibilidades, o de acabar con nuestra forma de vivir anterior. Es una prueba que la vida pone, más bien una oportunidad que se nos da para que podamos poner en una balanza todo aquello que antes nos importaba y probablemente ahora nos importe, en un lado, y  en el otro, lo que nos está empezando a importar ahora. La balanza la sujetamos nosotros mismos, junto a un reloj. El peso de cada lado de la balanza no solo depende del valor o importancia  que tenga cada extremo, sino el tiempo y el esfuerzo que le queramos dedicar a cada lado, y del interés que cada extremo ponga por llegar al suelo.
La distancia no es un problema, es una ocasión, y tú decides que es lo que quieres mantener y que vas a dejar atrás.

Pero una cosa está clara, el tiempo no es eterno, y hay que saber decidir por orden de importancia a quien queremos dedicarlo.
                          

martes, 7 de octubre de 2014

La evolución de una auténtica pasión

Llegó un momento en el que la fotografía empezó a formar parte de mí. Por el simple hecho de captar momentos que algún día se perdieran, se me olvidaran. Mi madre siempre me decía, “hija no hagas más fotos y guarda este momento en tu memoria, eso es lo que de verdad va a durar siempre”, pero se puede discutir. Hay personas que como yo que no son capaces de retener en la memoria todo lo bueno que les ocurre, o bien porque son personas que viven la vida intensamente, sin parar de hacer cosas que merecería la pena recordar, haciendo así imposible archivar todos estos momentos, o bien por el simple hecho de tener mala memoria. Entre estas dos posibilidades yo me incluyo tanto en la primera como en la segunda.
Por eso desde pequeña, siempre me gustaba que, cuando íbamos a un sitio de excursión o de viaje me compraran una cámara Kodak desechable, de las que tenían número limitado de fotografías para captar todo lo que me llamaba la atención, o lo que nunca quería olvidar. En estos momentos siempre recordaré cuánto me podían durar las cinco últimas fotos del carrete, pues era una difícil decisión fotografiar los cinco últimos momentos que más me gustaran, y más si el viaje o la excursión se extendían más de un día.
A medida que las tecnologías iban avanzando, salieron al mercado cámaras digitales. Esto para mí fue la felicidad plena. Nunca antes había tenido un aparato con el que poder hacer fotos de forma ilimitada. El número de fotografías aumentó considerablemente en mi casa. En las excursiones era yo la encargada de tomar fotos y luego pasarlas a las demás. Ya en el colegio empecé a coger fama de la fotógrafa oficial del curso, y cada vez que había algún evento que necesitaran después publicarlo o subirlo a la página web me llamaban, me sacaban de clase y me llevaban a fotografiarlo. A decir verdad esto me encantaba. Tal era mi entusiasmo con el tema de la fotografía que mis padres decidieron regalarme una Reflex Canon. Este regalo abrió mi mundo por completo. No solo hacía muchas fotos, sino que la mayoría de ellas eran, como mi padre las llama, de “arte y ensayo”. Me gustaba fotografiar  paisajes, hacer contrastes de color, distintos enfoques, jugar con las sombras… en definitiva, me hice una friki de las fotos.
   
Lo primero que fotografié al recibir este regalo fue mi lugar favorito, el cortijo de mi abuelo, un sitio que siempre he temido que desapareciera, que algún día vendieran y yo no volviera a estar en él, que un día se quemara o que sencillamente, algo de lo que había allí dejara de estar como siempre había estado. Entonces tomé fotos de los tejados, de las farolas, de algunos árboles, de paisajes, y de mi perra India

En este post os dejo algunas fotos de mis mejores recuerdos de este lugar, tomadas en una tarde de invierno.
                                 
                                  
                                 
                                 
                                 
                                 



jueves, 11 de septiembre de 2014

Recién llegada a Fcom...

A penas son dos semanas las que llevo viviendo en Pamplona y ya me siento como una ciudadana que lleva aquí años. Y no digo que los tres primeros días no me costara adaptarme a mi nueva vivienda, un estupendo colegio mayor a las afueras de la ciudad, a mis nuevos estudios y lo que ello conlleva, profesores, asignaturas, compañeros, aulas y demás. No solo no me ha costado acostumbrarme a este cambio de vida que he tenido en tan poco tiempo y que parecía que nunca  iba a llegar, sino que lo he hecho maravillada. Todos los cambios que he tenido han sido favorables. En este poco tiempo he aprendido a buscarme la vida, a ser un poco más independiente, a ser incluso más ahorradora y a abrirme mucho más con personas que antes ni se me pasaba por la cabeza que podía tener como compañeros de clase o incluso como amigos fuera de las aulas.
El hecho de pensar en que tengo que estar lejos de mi entorno conocido ahora durante cuatro años, quizá me aturde un poco, por aquello de no tener las facilidades que antes tenía, de tener mi casa con unos padres que me ayudaban en todo lo que podían y yo les pedía, y con esto no digo que ahora no lo hagan, porque sin ellos no estaría aquí ahora mismo, pero no los tengo tan cerca como antes. Si ahora necesito algo de urgencia depende de mí el que lo consiga y a veces pongo en duda mi propia capacidad resolutiva. Este aspecto es positivo en la mayoría de los sentidos. Estas situaciones son las que hacen espabilar y hacen madurar, te hacen ser adulto y poder conseguir las cosas por uno mismo, valorándolas mucho más.
Estoy aquí porque el estudiar periodismo siempre ha sido mi sueño, y que mejor que hacerlo en un lugar que me garantiza una preparación como ningún otro lugar, que me permite conocer de gente tan distinta y formarme profesional y personalmente.
Doy las gracias por ello a todos los que van a hacer posible esta experiencia.